La multitud asalariada se levanta contra el gobernante y los parlamentarios, no
siempre por sus excesos tiránicos al uso, sino por una causa inconsciente pero totalmente real: la escasez y la penuria, donde los han llevado con su política económica provocada por la presión de la indigencia sobre los parados y asalariados, atribuyendo sus causas al gobernante como guardián del despotismo. Donde el Gobierno tendía a ponerse una venda en los ojos o mirar en otra dirección, en lugar de representar a la ciudadanía.
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