Tiranizar el voto

La universalidad del voto utilizado por un solo partido y, si este hace prevalecer esos votos para imponer su autoridad, reduce inevitablemente a todos los demás a la esclavitud y a la imbecilidad, porque convierte a sus votantes en déspotas involuntarios, esos votantes, seres que viven, trabajan, aspiran, sufren y confiaron, ahora engañados por la utilización tiránica del voto, doblemente despótica al ser utilizado contra si misma y contra del resto de la población que no les votaron, casi un 70% del electorado. Consideran al pueblo como un rebaño, y sus esquiladores (el gobierno), utilizan la lana (los impuestos) para sus amos (el capital).

Impone una Reforma Laboral, recortes en Sanidad y Educación, aumenta tarifas en transporte, público, luz, gas, IRPF, mientras los bienes, las rentas, los privilegios políticos de la Iglesia y del gran capital son intocables o amnistiados, el aumento de tarifas no les afecta, incluso les desgrava como coches de empresas u oficiales en muchos casos o incluso como gastos de su vivienda, oficina, fabrica, negocio, desvían fondos para no pagar IRPF y los políticos con una desgravación distinta.

Entre esta situación y la que llamamos bienestar social, hay un abismo, o como dijo Bakunin, «habrá bajo formas nuevas, la antigua opresión y la antigua esclavitud, y allí donde existe esclavitud, están la miseria, el embrutecimiento, la verdadera materialización de la sociedad, tanto de las clases privilegiadas como de las masas”.

Los privilegiados del capital y las grandes empresas ya han conseguido sus leyes cuasi medievales con la Reforma Laboral y la otra clase privilegiada el «Poder Púrpura» a través del portavoz de la Conferencia Episcopal quiere imponer sus criterios sobre las decisiones del Congreso y revocar leyes como la Ley del aborto, ley que no obliga abortar, es una ley que evita criminalizar una situación, o imponer criminalizar la homosexualidad según la homilía del obispo de Alcalá, o las declaraciones del obispo de Cádiz, que pide el diezmo por obligación, desea retorno al medievo cuando dominaron en todos los estamentos, pero de lo que no hablan, es de los pederastas entre sus filas, ni del robo de recién nacidos, si los laicos no nos inmiscuimos en sus tratados, que no se inmiscuyan en los nuestros, y sigan a su maestro cuando dijo “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Necesitamos otro tipo de Estado, uno que sea realmente representativo, no la bipolaridad actual, donde una casta política con un puñado de votos gobierna en representación  de todos.

 

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